MÚSICA Y NATURALEZA


Un árbol se irguió entonces. ¡Oh elevación pura!
¡Orfeo canta! ¡Árbol esbelto en el oído!
Todo enmudece. Mas del total silencio
surge un principio, la señal, el cambio.
Bestias de silencio se arrancaron a la clara
selva liberada de nidos y guaridas;
fue manifiesto entonces que ni la astucia
ni el miedo las amansaban de ese modo,
sino el oído. Rugidos, bramidos, gritos
empequeñecieron en sus corazones. Y donde no había
sino una cabaña apenas en donde acoger el sonido,
un refugio de deseo oscurísimo
con un umbral de temblorosas jambas;
tú les creaste un templo en el oído.
(Sonetos a Orfeo. Rainer M. Rilke)


Es probable, que, desde los primeros pasos de nuestros ancestros en el mundo, éstos, hayan tratado de dar sentido a lo que percibían, sentían y observaban ¿No es acaso la aparición de la consciencia lo que nos define como humanos y está en la base de la expresión artística? Sin embargo, esta, no sería una búsqueda de sentido como lo entendemos desde el punto de vista de la ciencia que investiga, experimenta, racionaliza y crea sistemas formulados bajo los principios de las matemáticas y la física. El hombre primitivo no se movía en estos modelos. Más bien podemos pensar que realizaba preguntas a lo que le rodeaba, a un mundo misterioso y lleno de peligros. Se trataba de domesticar la evidencia del terrible ciclo de la naturaleza y su incesante lucha en la que la vida se alimenta de la vida. En ese diálogo, dirigían sus preguntas al exterior, al firmamento, a los árboles y las aves, a las fuentes, ríos y montañas. Podríamos pensar que el arte (concepto igualmente moderno) pudo tener su origen en las diversas formas de expresar esa relación con el mundo. De esta manera, surge la representación pictórica, la narración de los mitos, las danzas, la música. Se comienza a estudiar la regularidad en los movimientos de los astros, se crean ritos en los que se intenta
complacer a lo divino, interpretando sus fines y designios en el vuelo de las aves o mediante el sacrificio de animales y, sobre todo, escuchando atentamente el sonido del entorno y tratando de asimilarlo, pero a través de una sensibilidad en la que no existía todavía una diferenciación clara entre hombre y naturaleza.
Todos conocemos el maravilloso repertorio de pinturas rupestres prehistóricas, pero apenas sabemos nada sobre de la música de las sociedades que las produjeron. Modernas investigaciones parecen señalar que los lugares de las cuevas en donde hay mayor abundancia de pinturas suelen poseer unas cualidades acústicas especialmente ricas en resonancias, lo cual
nos indica que estaban vinculadas con algún tipo de rito en los que el sonido era protagonista. Todo esto nos lleva a pensar que la música era una de las formas más potentes de apelar a la naturaleza.
Augusto Jerez García

LOS ÁRBOLES Y LA MÚSICA

Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero.
Brotas derecha o torcida
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.
El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.
(Antonio Machado)

Las propiedades acústicas de las distintas maderas eran bien conocidas en el mundo de la construcción de instrumentos musicales y el dominio de este conocimiento se consideraba una disciplina fundamental en la formación
de violeros, organeros y demás artesanos musicales. Cada tipo de madera se seleccionaba para las diferentes partes del instrumento. En puentes, barras armónicas y mangos eran utilizadas maderas duras como el almendro, el brezo,
el boj, el haya y el roble que proporcionaban un sonido brillante. Maderas más blandas y flexibles como el álamo, el abeto o el sauce eran utilizadas por sus cualidades sonoras más cálidas. A partir del siglo XVI, con la circunnavegación
comenzada por españoles y portugueses, empezaron a llegar a Europa maderas de todo el mundo cuyas cualidades fueron pronto descubiertas por los lutieres. Así se utilizaron la granadilla, el ébano, el palisandro y otros muchos
árboles cuya madera es utilizada hasta hoy en día. Algunos de los instrumentos musicales de los siglos XVI y XVII son verdaderas joyas artísticas gracias a la genialidad de constructores como los famosos Amati, Guarnieri o Stradivari
en Italia, pero también Grawells o Tielke en Holanda, Barak Norman en Londres, Martin Kaiser en Alemania… Posiblemente, todos estos artesanos no estarían peor considerados que los músicos que tocaban esos instrumentos que,
además, eran los compositores pues intérprete y compositor eran una misma cosa.

Paisaje holandés con arboles


En el orden simbólico, que es también el lenguaje del Arte, el árbol está presente desde las primeras civilizaciones, pues en él se da la unión entre las fuerzas de lo terrenal y lo celestial. En la epopeya de Gilgamesh, la más antigua obra literaria de la humanidad, el héroe es castigado por destruir el bosque de cedros guardado por el dios Humbaba. El paraíso de la tradición bíblica se representa como un bosque. El árbol, además, se relaciona con la regeneración de
la vida, la fuerza vital y sus ciclos. Dada toda esta tradición simbólica, no es de extrañar que, durante el Romanticismo, el bosque, se relacione con el ámbito de lo misterioso y desconocido y como recuerdo de una ya perdida relación
con la naturaleza en oposición a la razón ordenadora. Son ejemplos de este tema de inspiración obras como la Tercera sinfonía de Mahler (Lo que me dice el bosque), la Sinfonía Pastoral de Beethoven, En los Bosques de Bohemia de
Dvorak o,
más tarde, Tapiola de Sibelius o el Murmullo del bosque de la ópera Sigfrido de Wagner:

Ehttps://www.youtube.com/watch?v=08vTtu4pmjk

Árboles en la nieve, Willem Witsen, c. 1870 – c. 1923

AVES Y MÚSICA

Canta el ave aunque la rama cruja
Pues sobre el fiato su mal espanta
Cual trinar que en cielo y tierra dibuja
Y el universo en su armonía canta.
Canta el niño, el joven y el anciano,
Canta el humilde y el poderoso
Canta el hijo, canta el padre y el hermano
Y canta el infeliz por ser dichoso.
Pues sea el canto el humano instrumento
Que en espacio y tiempo omnipotente
Lo tangible y lo divino planta,
Adaliz de alegría y de tormento
¡¡Alza tu voz ahora!!, pues simplemente
Todo cuanto en el mundo existe, canta
Bárbara Arredondo

Existe un gran dilema sobre la música aún sin resolver y consiste en determinar si puede considerarse como tal el canto de las aves. Estos animales pueden producir una gran variedad de sonidos, desde simples graznidos hasta espectaculares cantos que pueden reportarnos un gran placer.

Carraca

En algunas especies, las diferencias del canto son tales que podríamos decir que representan un verdadero vocabulario para expresar la existencia de comida, la
proximidad de un peligro o como reclamo para el otro sexo. Como vemos la cuestión es de difícil solución si nos atenemos a una definición tradicional de la música que, generalmente, considera a ésta como un fenómeno únicamente humano. Esta ambigüedad entre, por un lado, el componente comunicativo y civilizador de la música y, por otro, su carácter salvaje, su animalidad como una forma de expresión anterior al lenguaje lo presenta el escritor Pascal Quignard a través del mito de las sirenas de la mitología griega. Estos seres fantásticos eran representados con cuerpo de ave y cabeza de mujer y atemorizaban continuamente a los marineros que, seducidos por su canto, enloquecían
y se arrojaban al mar.

Alcaraván

Se nos cuenta como hubo tres héroes griegos que se enfrentaron a
ellas, Ulises, Orfeo y Butes, representando cada uno de ellos diferentes maneras de entender la experiencia musical. En la música de Orfeo encontramos la mesura y la medida, el principio civilizador de la música que humaniza, la música de las convenciones y formas sociales. Consciente del peligro que las sirenas representan, Orfeo, contrarresta con su lira el canto de éstas. Butes, por el contrario, abandona su remo y se sumerge en el mar seducido por el canto de las sirenas, abandonando la belleza de la música de Orfeo aún a riesgo
de perecer ahogado. Ulises, por último, utiliza su astucia para, amarrado al mástil de su barco, poder acceder a la belleza del canto de las sirenas y volver sano y salvo a casa.


Durante la Edad Media, las aves, solían simbolizar la pureza y la inocencia siendo portadoras, a veces, de un mensaje divino. En la poesía profana de los trovadores mantienen esa función de mensajeras, pero como un medio gracias al cual podían comunicarse secretamente los amantes. Es por ello, que estén presentes en multitud de canciones y que se sigan utilizando como elemento simbólico y poético hasta hoy día.


Todas estas cuestiones no han pasado desapercibidas por los compositores a lo largo del tiempo. Así podemos citar Silva de sirenas, libro para vihuela de Enríquez de Valderrábano o Dindirindín, canción del siglo XV que imita el canto del ruiseñor. En estos efectos onomatopéyicos fueron grandes maestros algunos franceses de esta época como Janequin o Sermisy. En el siglo XVIII el canto de ciertos pájaros suele aparecer en las piezas de caza y los románticos los usaron en sus obras programáticas basadas en la naturaleza. Son famosos los cantos del cuco en La sinfonía pastoral de Beethoven o de la oropéndola en la Tercera de
Mahler. En Uirapurú, Heitor Villalobos, imita con distintos instrumentos el canto de esta ave de las selvas de Brasil. Otras obras son Los pájaros de Respighi, El ballet de los polluelos de Mussorgsky o Catálogo de aves de Messiaen.
Augusto Jerez García

Transcripción de canto de aves: «Catálogo de Aves» de Olivier Messiaen

(7) Les chants d’oiseaux du CATALOGUE D’OISEAUX d’Olivier Messiaen – YouTube

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